Mostrar gratitud en el trabajo

La ingratitud en el entorno laboral es una fuente de insatisfacción y si es habitual puede provocar niveles de frustración que reviertan en absentismos, bajas y renuncias.

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Todos en determinadas épocas del año, como en Navidad u otras festividades asumimos unos estándares de gratitud al menos con nuestro entorno familiar o cercano. Pero ¿qué ocurre en el entorno laboral? ¿Extendemos ese comportamiento de manera habitual? Podemos tener  personas a nuestro cargo, compañeros, jefes, con una relación diaria intensa, ese hábitat de nuestro mundo profesional es especialmente adecuado para mostrarnos agradecidos en las múltiples situaciones que se propician.

Desde luego gran parte de las horas en las que estamos despiertos las pasamos trabajando y deberíamos ampliar esta forma básica de expresión humana al entorno laboral. Hacerlo puede proporcionar los siguientes beneficios:

Mejora la cultura corporativa

Allí donde continuadamente hay carencia de gratitud se puede contribuir de manera importante a generar un  cultura tóxica, en este tipo de lugares se dan situaciones de abuso, explotación, de quejas continuas, envidias y negatividad.

En sentido contrario en los entornos con un número significativo de personas que agradecen a los demás sus acciones se contribuye a humanizar esos ambientes y son menos proclives a dinámicas de represalias y de rencores en las situaciones en las que se produzcan fricciones o eventos negativos entre individuos. De hecho hay estudios que demuestran que la gratitud reduce la agresividad y fomenta una mayor sensibilidad con las demás personas

Fortalece los equipos

La gratitud saca a las personas de su plano interior  y las inmiscuye  en la red de relaciones de su entorno y lleva a la reciprocidad. No solo es una respuesta amable a una acción si no que es un factor motivacional de futuras expresiones similares. Produce una mejora de nuestra percepción de que una gran parte de nuestra naturaleza humana está construida para las relaciones sociales.

Es un motivador mejor que el factor económico.

Hay estudios que demuestran que los incentivos pueden hacer reducir la inclinación natural de los empleados de obtener satisfacción al  completar tareas.

En cambio  el aprecio de un superior al trabajo realizado es una estupenda motivación

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Todos queremos sentirnos apreciados y valorados, y toda acción que conduzca a eso es útil. Las pequeñas microexpresiones de gratitud son fáciles y se pueden realizar con frecuencia.

Pero lo cierto es que, independientemente de la manera en que lo hagamos, la gratitud debe ser sincera, practicarla por razones instrumentales o cínicas no produces efectos beneficiosos y las personas suelen captar fácilmente la falta de autenticidad.

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3 pasos para afrontar un conflicto con el jefe

Enfrentarse a alguien es algo retador y aún más si se trata de nuestro jefe, si necesitáramos hacerlo la ansiedad que genera esta situación podría hacer que nos bloqueáramos  y no diéramos el paso.

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Imaginemos  que en una reunión de equipo nuestro jefe hiciera un comentario sobre nuestro trabajo que creyéramos perjudicial para nosotros y fuera  de contexto. Nos iremos de la reunión pensando que eso es lo que piensa de nosotros.

A partir de ese momento en los encuentros que podamos tener con nuestro jefe estaremos muy sensibles a cuando no nos muestre amabilidad o simpatía y empezaremos a sospechar que podemos estar cerca de un despido, quizá intentaremos evitarle en espera de que si pasamos inadvertidos sus opiniones sobre nosotros vayan cayendo en el olvido.

Posiblemente empecemos a cultivar resentimiento y en cada interacción que tengamos con nuestro responsable nos sentiremos reafirmados de que está descontento con nosotros, de esta manera se retroalimentará nuestro descontento con esa persona.

En contraposición a esto tener una conversación que afronte el tema nos permitirá tener la oportunidad de ver que es lo que sucede en relación a nosotros y conocer la otra versión. Esto permitirá tener una base más sólida que la meramente especulativa para emprender las siguientes acciones que decidamos.

Aunque inicialmente esa reunión para confrontar la realidad nos de miedo tenemos que pensar que no realizarla nos dejará en un estado de duda continua que no mejorará nuestro bienestar pero si sí lo hacemos nos dará la posibilidad de despejar incógnitas y  tener mejores elementos de juicio sobre la situación, necesariamente tener ese conocimiento es bueno con lo cual, objetivamente, lo mejor es afrontar esa conversación.

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Para reducir la ansiedad de llegar a ese punto deberíamos de prepararnos aquí recomendamos estos tres pasos:

Identificar el asunto

Hay que nombrarlo claramente e ir al grano, tenemos que afrontarlo, respecto al ejemplo anterior sería decir que queremos hablar sobre el efecto que ha tenido en nosotros el comentario en la reunión. Sencillo, y directo

Buscar el momento

Probablemente nuestro jefe esté muy ocupado y lo que queremos es tener un diálogo real, no un hacer un par de frases en un momento improvisado en el cual su mente esté ocupada en otras cuestiones, por tanto lo mejor es programar una reunión para tratar el asunto.

Preparar la reunión

Debería de ser una conversación, por tanto un intercambio de pareceres, no un discurso unilateral con nuestro responsable escuchando pasivamente, necesitamos que aclare su posición por lo que  preguntaremos directamente. Tratemos de averiguar antes cuales son las razones de la otra parte  y si puede haber algo más y si es así imagine que podría hacer para solventar eso. Para prepararlo hagámonos preguntas incluyendo las que vayan en torno a cómo hemos contribuido nosotros al asunto. Tomemos notas.

Cuando finalmente nos reunamos todo esto nos ayudará cuando nuestro jefe comience a explicar su visión y también será útil de cara a determinar los pasos para la resolución del tema.

Estos simples pasos nos podrán ayudar en ese tipo de situaciones y démonos cuenta que se basan en que nosotros asumamos nuestra responsabilidad en el trabajo para afrontar cualquier tipo de situación.

Empresas familiares y gestión de conflictos

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La empresa familiar tiene las mismas características definitorias que cualquier otra empresa pero la diferencia esencial es la íntima conexión con una familia que es quien tiene la mayoría de las acciones, de las participaciones sociales y la que influye directamente en la Gestión, Administración y Dirección de la misma. Este tipo de empresas son organizaciones que llevan consigo la dualidad tan complicada de empresa-familia lo que representa tener un aspecto positivo pero también su aspecto negativo aportando ventajas y también desventajas. La suma de empresa y familia es enriquecedora y hace de ella un modelo de negocio diferente pero a su vez esta característica puede favorecer la aparición de conflictos.  Las relaciones conflictivas siempre serán menores en una empresa familiar profesionalizada y para conseguirlo se deben establecer mejoras en la organización, planificación y establecer normas y códigos de conducta mediante un protocolo familiar creado a partir de un amplio consenso . Este protocolo familiar  puede actuar como preventivo para posibles situaciones de conflicto y es una herramienta eficaz para establecer normas que ayuden a facilitar la convivencia y establecer un marco de actuación de referencia que sea funcional y ayude a una gestión más eficaz.

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Este protocolo familiar es un documento jurídico contractual de primera entidad que es de enorme relevancia y magnitud y de difícil elaboración y que ayudará a que la diferencia esencial de las empresas familiares respecto del resto de empresas se convierta en una Fortaleza Competitiva. Este documento contempla cuestiones como la historia, la misión, los valores y la visión de la empresa, los objetivos estratégicos en cuanto al entorno familiar, la política de remuneración a los accionistas/socios y familiares trabajadores, la estrategia de incorporación de los miembros familiares a la actividad empresarial, la política patrimonial en cuanto a regímenes matrimoniales y testamentarios de los miembros de la familia, los procesos de sucesión empresarial, los planes de contingencia, la política familiar en relación a la profesionalización de la gestión o la incorporación de consejeros externos, la creación de órganos como el Consejo de Familia, los medios de arbitraje y conciliación de conflictos familiares y muchos más aspectos importantes para el cumplimiento del objetivo estratégico principal de las empresas familiares que es principalmente la continuidad generacional, basada en el deseo conjunto de fundadores y sucesores de mantener el control de la propiedad, el gobierno y la gestión de la empresa en manos de la familia.

Si en la empresa ya existe un clima inadecuado se desaconseja llevar a cabo este protocolo familiar ya que es necesario llegar a acuerdos sobre temas importantes y críticos y por lo tanto el dialogo no será posible. En estos casos la estrategia en lugar de ser preventiva estará más orientada a la resolución de conflictos y en estos casos recurrir a la figura de un profesional o figuras específicas como la mediación puede ser muy conveniente y acertado. Una vez se llegue a conseguir un clima más propicio sería el momento de elaborar un protocolo familiar.