Emprendedores. Tomar distancia para repensar el negocio

La rutina puede suponer un obstáculo para que fluyan los diversos aspectos que componen la vida profesional y la personal. Si eso ocurre puede ser una señal de que hace falta tomar un descanso en el que se pueda reflexionar sobre valores, retos, creencias y que pueda llevarnos incluso a nuevos planteamientos, desafíos o pasiones.

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Enlazando con el concepto de innovación podríamos decir, simplificando, que durante siglos ha estado asociado a la exploración geográfica y a expansión territorial. Esa vía de la exploración ya está casi agotada o topa con límites, al tener ya todo el globo cartografiado y catalogado. Los grandes nombres de innovadores actuales que todos podemos tener en mente lo han sido por ser pioneros en términos de exploración de la manera de mejorar productos y servicios y en suma generar avances en nuestras vidas.

Un asesoramiento de alto nivel e integral en la visión del liderazgo y la innovación será de gran ayuda en este tema del que aquí trataremos de dar unas pautas.

El espacio y el tiempo para innovar normalmente no se encuentran en medio de nuestra rutina diaria. Para facilitarlo, necesitamos una escapada, tomar un descanso para pensar en cómo hacer crecer o impulsar su negocio o actividad. Esto nos puede proporcionar algunos beneficios:

1. Aprendizaje.

El seguir la línea marcada para el año está bien permite avanzar pero eso no garantiza que estemos aprendiendo a ser más eficaces. Por eso conviene tomar una pausa de esa rutina en la que podamos reflexionar y tomar perspectiva de lo que debemos aprender, no olvidemos que acción no es eficacia y que esta requiere aprendizaje.

2. Dejar las riendas para que el negocio crezca

Es muy común que los emprendedores tengan muchas reticencias a ceder responsabilidades, pero un buen líder debe construir un equipo en el que pueda confiar y delegar y esto puede facilitar el crecimiento del negocio.

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3. Movimiento y cambio como oportunidad para innovar.

Viajar a otra ciudad o país, o explorar algo no conocido en tu propia localidad o región, o cambiar de entorno y hábitos, emprendiendo incluso alguna nueva actividad como pudiera ser un curso son maneras de romper la rutina.

Y la naturaleza de la innovación es evitar la rutina, hacer las cosas de manera diferente, sin seguir los esquemas habituales. Esto facilita cuestionarse convenciones y nos abrimos a cosas que nunca hubiéramos previsto.

4. Relanzar el entusiasmo

En los inicios de un negocio se aúna pasión, dedicación y un esfuerzo considerable pero el tiempo diluye esa cantidad de energía. Tomar distancia puede permitir volver a pensar en los orígenes de la actividad y tratar de relanzar el espíritu emprendedor y el entusiasmo por el negocio.

5. Reflexionar

Al liberarse de las tareas del día a día se abre espacio y tiempo para la observación y la reflexión. Y eso facilita preguntarse qué es lo que realmente se quiere y que es bueno para nuestro negocio y para nuestra vida personal.

Innovación. Mentalidades que frenan las buenas ideas

En el núcleo del proceso de innovación subyace la combinación de los conceptos de posibilidad y potencialidad. Estos se aúnan al empuje de emprender articulando a la gente y a los recursos apropiados, prestando atención a los aspectos clave, intentando abrir las puertas necesarias y demostrando el valor que podemos aportar, y toda esta percepción de nuestras ideas nos sirve de poderoso motor para emprender proyectos ambiciosos. Las personas que se sitúan en ese marco mental para crear algo están abonándose a un estado mental positivo más fértil para la innovación.

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Un asesor acostumbrado a la excelencia empresarial nos podría guiar al respecto con seguridad, hoy sólo nos centraremos aquí en otros estados de ánimo o mentalidades que pueden apagar ideas brillantes incluso antes de que las veamos. Veamos 5 de estos «stoppers» de la innovación:

  1. El miedo

Obviamente la posibilidad de que todo vaya mal se tiene que considerar, pero conviene dejar los escenarios negativos en la fase de evaluación de riesgos y centrarse en la innovación y en la generación de valor que esta proporcione. Hay que saber cerrar las diversas etapas del proceso y no arrastrar pensamientos con un fondo de miedo una vez haya pasado esa fase de evaluación de riesgos.

  1. La fijación de ideas

A veces hay una obstinación en los emprendedores en centrarse en unos pocos aspectos que consideran las ideas principales o claves para su éxito prestándoles una atención excesiva y dejando desatendidos otros aspectos clave para la viabilidad del proyecto.

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  1. La emoción

En este estado el emprendedor piensa que su idea o proyecto es tan fantástico que todo el mundo lo verá igual que él o ella y que el mercado caerá rendido ante la superioridad de su producto o servicio. Esa energía es muy importante pero no debe nublar la realidad para deje de ser un motor para emprender, esa emoción por nuestra idea no es suficiente para pasar de innovación a ejecución; para ello se requiere articular debidamente la pasión, la determinación y la estrategia. Si nos movemos a base de impulsos y emociones hay que tener en cuenta que esta puede desaparecer al llegar otra gran idea que nos embriague.

  1. La mentalidad escéptica

Un empresario que haya tenido fracasos en proyectos que haya iniciado con gran ilusión puede hacer llegar a un estado de escepticismo en el que haya una falta de pasión y energía que frene el espíritu explorador y emprendedor.

  1. La mentalidad del yo sé cómo hacerlo

En este estado se insiste en el “Sé cómo hacerlo” incluso antes de saber cómo articular el valor de la idea. Al igual que la gestión de riesgos el Cómo es parte de la fase estratégica y no pertenece a la fase de innovación, antes de ello hay que completar la etapa de contestar ¿Qué? y ¿Por qué?